La Semana Roja en La Palma. Salvador González Vázquez
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1. Introducción.

     Este estudio tiene como objetivo examinar los siete días que, en la isla de La Palma, siguieron al pronunciamiento militar que desencadenó la Guerra Civil española. En la madrugada del 18 de julio, el Comandante General del Archipiélago, general Francisco Franco, dio la orden para que las guarniciones canarias iniciasen el golpe de estado contra el gobierno de la República. En cinco de las Islas Canarias -Tenerife, Gran Canaria, La Palma, La Gomera y El Hierro- surgieron núcleos de resistencia, que, en varios casos, se enfrentaron de forma violenta a los sublevados. El foco de oposición protagonizado por los partidarios de la República en la Isla de La Palma se prolongó durante siete días. En adelante, al tiempo que La Palma se mantuvo obediente al gobierno del Frente Popular se le conocerá como la Semana Roja.


     En realidad, este trabajo no sólo pretende acercarse a estos siete primeros días de la Guerra Civil en La Palma. También quiere aproximarse a los principales episodios que siguieron a la llegada del Movimiento militar a la Isla: represión, persecución de los "alzados", recrudecimiento de la crisis económica… .


     Para estudiar este periodo, la investigación se ha centrado en la Capital de la Isla, Santa Cruz de La Palma, y en el municipio de Tazacorte, en la banda oeste. La Capital rondaba, en aquellas fechas, los diez mil residentes, mientras que el pueblo de Tazacorte superaba los tres mil quinientos habitantes. En ambos lugares residía un amplio contingente de población obrera, influenciada, en buena parte, por la tendencia comunista del movimiento obrero. Este predominio se había manifestado en el triunfo de la coalición de izquierdas en las últimas elecciones generales celebradas durante la II República en ambas localidades
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2. La Semana Roja en Santa Cruz de La Palma

     La guarnición de la isla de La Palma, radicada en su Capital, la formaba un destacamento del Regimiento de Infantería de Tenerife, integrado por unos cincuenta soldados, al mando del capitán Álvaro Fernández Fernández. En el verano de 1936, buena parte de los militares estaban de permiso, solo 25 soldados permanecían de servicio en el cuartel situado en el antiguo convento de San Francisco(1) .

           El 15 de julio de 1936, el comandante Baltasar Gómez Navarro, destinado en el Regimiento de Tenerife nº 32, llegaba a La Palma. En el bolsillo de su guerrera llevaba las instrucciones que le había dado el general Francisco Franco, en persona, para iniciar el levantamiento militar en La Palma(2) .

      Sin embargo, el día del golpe de estado, el destacamento no salió a las calles de Santa Cruz de La Palma para imponer el estado de guerra, tal como había ordenado el Comandante General de Canarias.

      Esto se debió, en primer lugar, a que el contingente militar era escaso para intentar dominar la Isla. Esta limitación se veía acrecentada por la imposibilidad de iniciar el operativo por sorpresa, debido a la movilización inmediata de los partidarios de la República.

      Los dirigentes de izquierdas estaban prevenidos porque el Gobernador Civil, Vázquez Moro, tenía concertado un viaje a La Palma, para estas fechas, que fue aplazado y porque habían llegado rumores de que autoridades civiles y militares, ante incidentes anómalos, se habían reunido con el Gobernador. Además, las Delegación del Gobierno de La Palma estaba alertada porque las noticias de la rebelión de los militares llegaron rápidamente. El mismo día 18 de julio, el periódico republicano palmero, El Tiempo, en su sección, Servicio Telegráfico, incluyó la noticia:

      Según noticias transmitidas por la Unión Radio de Sevilla, el ministro de la Gobernación, Sr. Moles, ha hecho público por medio del micrófono, que el general Franco ha iniciado un movimiento sedicioso en Tenerife, que ha sido secundado por la guarnición de Ceuta, cuyo movimiento no ha tenido la menor repercusión en Madrid, ni en el resto de las provincias, en las que reina las más completa tranquilidad. Nos aseguran que en Tenerife, el general Franco se ha apoderado de los servicios de comunicación y del gobierno civil, pero el ministro de la Gobernación ha anunciado también que ha salido una escuadrilla de aviones y varios buques de guerra con una orden de detenerle y que dentro de pocas horas se habrá restablecido la normalidad. Ante todo y sobre todo, el espíritu de los republicanos debe permanecer sereno y estar atentos al cumplimiento del deber, sea cual fuere el resultado de esta aventura. Ahora y siempre: ¡Viva la República! (3).

     Para los mandos de la guarnición palmera, no podía ser igual intentar hacerse con un objetivo estando el adversario prevenido, que jugar con el factor sorpresa, tan propicio a la sedición en otros lugares del territorio nacional.

      En cuanto al resto de cuerpos armados en la Isla, la Guardia Civil rehusó la propuesta del comandante Baltasar Gómez Navarro de sumarse a la sublevación y, también, decidió acuartelarse. La Guardia de Asalto siguió a las órdenes de las autoridades republicanas, motivo por el cual fue disuelto su destacamento, tras dominar la Isla las tropas sublevadas. Durante la Semana Roja, guardias de asalto formaron parte de los grupos, escasamente armados, que patrullaron las calles de Santa Cruz de La Palma. Por su lado, la mayor parte de los miembros la policía local se mantuvo obediente a los alcaldes republicanos que presidían los consistorios(4) .

      Durante la Semana Roja, no se produjo, a diferencia de otras ciudades de la España Republicana, un asalto al Cuartel, pues las tropas no hicieron por salir y los milicianos republicanos carecían de medios con que llevarlo a cabo. "Los compañeros desde diversos puntos de la Isla me pedían armas, pero no habían", rememoraba Florisel Mendoza Santos, secretario de la Federación de Trabajadores de La Palma(5) . Además, buena parte de los dirigentes del Frente Popular prefirieron evitar un enfrentamiento sangriento. Mientras La Palma se mantuvo republicana no solo se desestimó atacar el recinto militar, tampoco se quemaron iglesias, - por el contrario, continuaron ofreciéndose servicios religiosos-, ni se represalió a ningún partidario del Alzamiento. "Allí nos conocíamos todos", prosigue Florisel Mendoza Santos, "y los coroneles del ejército de Franco y los fascistas se retiraron, o por lo menos no se dejaron ver. Durante lo que duró aquello doy fe que no se atentó contra nadie, apenas hubieron detenciones, salvo tres personas por orden expresa del Ministerio de la Gobernación"(6) . Así lo reconoció, posteriormente, el periódico Acción Social, órgano de prensa de la derecha católica insular:

            Y había de ser necesariamente el sábado 25 de julio, día de Santiago apóstol, cuando La Palma magnífica de emoción y patriotismo, sin una gota de sangre derramada, quedara unida al movimiento salvador. ¡Viva España, Viva la República!(7) .

      A lo largo de estos siete días, se estableció un equilibrio tenso, a la espera de que el panorama se esclareciese, bien con el triunfo del gobierno de la República, bien con la llegada de un buque de guerra al servicio de los sublevados. Tanto en un bando como en el otro existía el convencimiento de que la solución al compás de espera vivido en La Palma tendría que venir del exterior. Así lo estimaba el periódico republicano El Tiempo:

Poco o nada podemos colaborar desde aquí al triunfo de la causa legítima, al mantenimiento en toda integridad del régimen que se impuso voluntariamente el pueblo español(8).

      Mientras, el repliegue del destacamento estacionado en Santa Cruz de La Palma decidió a las autoridades gubernativas a organizar milicias, escasamente armadas, que, en unión de la Guardia de Asalto, sostuvieran el orden republicano. El 24 de julio, el Delegado del Gobierno legalizó a esta Guardia Republicana, mediante un Bando, difundido en la población.

      Estimándolo necesario para el mantenimiento del orden republicano, he tenido a bien investir del cargo de agentes de mi autoridad a paisanos, los cuales constituirán las milicias populares de esta Isla(9) .

      La Palma permaneció incomunicada porque todas las líneas con la Península habían sido cortadas desde las islas de Tenerife y Gran Canaria, en poder de los militares sublevados. Por tanto, los partidarios de la República quedaron desvinculados de órdenes superiores. Las únicas fuentes con las que contaban para recibir instrucciones eran las emisiones de las radios gubernamentales(10) .

      Precisamente, las noticias radiadas por las estaciones del Gobierno eran una de las principales razones del optimismo republicano. El que pasaran 24 horas del inicio del golpe militar sin que los rebeldes hubieran cubierto su objetivo de derrocar al Gobierno era otro argumento para ello. El Tiempo razonaba así, porqué la situación del Gobierno no era apurada:
     Por otra parte los facciosos no han logrado los objetivos que se proponían en los primeros momentos, cuando la sorpresa y la desorientación causan mayores estragos que las balas en estos trances(11) .

      Las emisiones de la radio gubernamental EAQ, también contribuyeron a que la rebelión se subestimase y a que la moral de victoria ascendiese. Discursos como los de Dolores Ibárruri e Indalecio Prieto inflamaban de esperanza y aliento a los adictos a la causa republicana. Podemos hacernos una idea con los siguientes párrafos recogidos del primer discurso de la Pasionaria:

      Al grito del fascismo no pasará, no pasarán los verdugos de octubre, comunistas, socialistas, anarquistas y republicanos, soldados y todas aquellas fuerzas fieles a la voluntad del pueblo van destrozando a los traidores insurrectos que han arrastrado por el fango y la traición el honor militar de que tantas veces han hecho alarde.

El diario El Tiempo transcribió, también, lo siguiente de la emisora EAQ:

      EAQ.- Madrid a las 11 y media de la noche. Avanza la acción del Gobierno encaminada a sofocar el movimiento militar, repelido, desde el primer momento, por las fuerzas de salto, guardia civil y columnas populares...Puede considerarse próximo a terminar el movimiento, toda vez que los rebeldes no pueden prolongarlo más, dada la desmoralización de sus números...Se ha captado una conversación entre Indalecio Prieto y Amador Fernández en la tarde de hoy. Este comunicaba a Prieto que tenía en la región asturiana un formidable ejército compuesto de mineros, fuerzas de asalto y guardia civil, dispuesta a marchar sobre Oviedo.

      La conciencia existente del arraigo del Frente Popular, de la que se consideraba a la isla de La Palma un ejemplo espléndido, desvirtuaba la realidad del poder del Ejército y sus apoyos.


1.- Salvador González Vázquez. La Guerra Civil en la Isla de La Palma. En Miguel Ángel Cabrera Acosta (Ed.). La Guerra Civil en Canarias. Francisco Lemus Editor. La Laguna, 2000.
2.- Causa 76/36. Legajo nº 158. ACG.
3.- El Tiempo (La Palma). Servició Telegráfico. 18 julio 1936.
4.- Salvador González Vázquez. La Guerra Civil en la Isla de La Palma. En Miguel Ángel Cabrera Acosta (Ed.). La Guerra Civil en Canarias. Francisco Lemus Editor. La Laguna, 2000.
5.- Entrevista a Florisel Mendoza Santos. Diario de Avisos (Tenerife). 10 junio 2003.
6.- Ibid.

7.- Acción Social (La Palma). Santiago y cierra España. 27 julio 1936.
8.- El Tiempo (La Palma). 24 julio 1936.
9.- Bando de la Delegación del Gobierno (24-7-1936). El Tiempo (La Palma). 24 julio 1936.
10.- El Tiempo (La Palma). 24 julio 1936. Hasta el 29 de julio, no se restablecieron las comunicaciones con Santa Cruz de Tenerife y la Península, pudiendo cursarse despachos a Cádiz, Sevilla y Huelva.
11.- El Tiempo (La Palma). 24 julio 1936.

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