La Semana Roja en La Palma. Salvador González Vázquez
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3. La llegada del Movimiento militar en La Palma

          En realidad, la posición de quienes permanecieron fieles a la República era muy frágil. Su control sólo se mantendría mientras el Ejercito, que ya se había adueñado de la mayor parte del Archipiélago, no desembarcase tropas en La Palma.

     Como vimos, existía la seguridad y el temor de que, en este caso, la suerte estaba echada. Todas las esperanzas se centraban en que la rebelión fuese abortada antes de que se extendiese a La Palma.

     La Semana Roja concluyó al octavo día de iniciada la sublevación, cuando, en la tarde del 25 de julio, desembarcaron fuerzas expedicionarias procedentes de Las Palmas de Gran Canaria, transportadas por el buque de guerra Canalejas.

     Aunque las autoridades republicanas y varios dirigentes del Frente Popular intentaron persuadir a los partidarios de la República de que se retirasen, algunos guardias de asaltos, policías municipales y decenas de milicianos se prepararon para enfrentarse a las unidades de desembarco. El cañonero lanzó un obús sobre el Risco de la Luz y se inició el asalto(12) . Los milicianos, ante la patente superioridad de sus enemigos, retrocedieron, en principio, para internarse después, en las estribaciones montañosas de la Isla(13) . El armamento de los republicanos se reducía a un corto número de pistolas, escopetas de caza y cartuchos de dinamita procedentes de las obras públicas, dotación del todo insuficiente para hacer frente al arsenal de las fuerzas transportadas por el Canalejas. El periódico La Tarde recogió la noticia de la llegada a La Palma del contingente de ametralladoras, marinería y voluntarios, transportados por el vetusto Canalejas:

     Desembarco en la isla de La Palma de fuerzas a bordo del cañonero Canalejas; ante la noticia de que en Santa Cruz de La Palma numerosos grupos de rebeldes tenían dominada a la población, aunque sin cometer desmanes, sin que pudiese salir del cuartel la escasa guarnición del ejército, guardia civil y de asalto allí existentes. El jefe de las fuerzas expedicionarias que han logrado desembarcar sin novedad, apoderándose del ayuntamiento y uniéndose a la guarnición. Los rebeldes han huido en desbandada internándose en el monte(14).     Para la derecha palmera, "el temor de unos, la indiferencia de otros y la absoluta dejación de una autoridad de partido" había permitido "en la Isla Esmeralda (La Palma) una organización roja considerada como de las más perfectas de España"(15) . Ahora, al concluir la Semana Roja, la derecha insular se dispone a retomar el mando que había detentado hasta la llegada de la República. Luis Cobiella Zaera, miembro, también, del conjunto conservador de la sociedad isleña, expresaba, en una alocución realizada desde la emisora de Santa Cruz de La Palma, la alegría que el colectivo político y social al que pertenecía había sentido tras los sucesos del 25 de julio.

     Desde el momento en que el digno militar Don Baltasar Gómez Navarro y el ejemplar caballero Álvaro Fernández Fernández tomaron posesión en nombre de España de esta isla, cambió totalmente, radicalmente todo. La vida adquirió un valor que no tenía, los tímidos, los apocados, que éramos legión, los que desesperábamos…sentíamos todos la jugosa impresión de revivir(16) .

     El 5 de agosto, las nuevas autoridades emanadas de la sublevación habían completado, sin lucha, la ocupación de las restantes localidades de la Isla.

     Los criterios para formar las nuevas corporaciones municipales son los que más tarde quedaron reflejados en los decretos del 30 de septiembre de 1936 y el 5 de octubre del mismo año, así como los expresados en documentos como la carta reservada que envió el Gobernador Civil al Delegado del Gobierno en La Palma, el 20 de octubre de 1937. Se busca que el número de integrantes sea corto, para "evitar los inútiles parlamentarismos", que la lista sea presentada por los máximos contribuyentes partidarios del Movimiento de cada población -pudiendo los gestores ser entresacados de estos o bien ser elegidos por los mismos-, acompañados de informes que recibirá la Comandancia Militar para nombrar, definitivamente, los integrantes de la comisiones gestoras. En estas, tendrán preferencia elementos falangistas, pues era "esta institución (la Falange) la base del estado español y la vocación forma y estilo de la revolución nacional, asignándole la guardia permanente de los valores eternos de la Patria"(17).

     El 5 de febrero de 1937, el Gobernador Civil de Tenerife envió al Delegado del Gobierno en La Palma la siguiente comunicación:

     Por haberse declarado incompatibilidad en el cargo de los vocales de la Comisión Gestora del Ayuntamiento de esta capital insular, sírvase proponerme dos personas para cubrir dichas vacantes, remitiéndome en unión de los suyos propios, los informes de la Guarda Civil, Falange Española, Acción Ciudadana y cura párroco, procurando que sea entre los máximos contribuyentes(18).

     Los informes con que se contestaban estas peticiones eran del tipo siguiente:

     En contestación a su atento oficio de 24 de octubre último, en que se sirve interesar informes sobre las personas que constan en la comunicación a que contesto, para completar el ayuntamiento de la Villa de Mazo, he de participar a V.S. que todos ellos son ciudadanos honrados y amantes de España y afectos al Glorioso Movimiento Nacional y que el primero de los individuos que allí figuran, don Toribio Brito de Paz, es el jefe local de Acción Ciudadana de aquella villa.
O este otro que afectaba al ayuntamiento de El Paso de 28 de octubre de 1937(19)
.

     Informe personal de don Tomás Capote Lorenzo: es adherido a Falange Española de El Paso, de edad 32 años, con título de bachiller, persona de seriedad absoluta y de conducta pública y privada envidiable, de capacidad absoluta y de conciencia recta y justiciera. Colabora continuamente, desde el primer momento, con el Movimiento Salvador de la Patria, mereciendo, no solamente el pláceme de las autoridades, sino de todo el pueblo en general(20).

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4. La represión

     La represión fue una consecuencia intrínseca al arribo del Movimiento a La Palma. Al día siguiente de la llegada del Ejército, ya se producían detenciones y registros. Así, el día 3 de agosto, el diario Acción Social publicaba, en su tercera página, la siguiente nota:

     Durante el día de ayer han continuado practicándose detenciones entre desafectos elementos del Frente Popular, que han ingresado en la cárcel del partido a disposición de la autoridad militar(21).

     El mismo periódico recogía la noticia que anunciaba que archivos comprometedores "fueron hallados por la Guardia Civil, en un registro practicado en el local de Izquierda republicana en esta Ciudad (Santa Cruz de La Palma)"(22).

Por su parte, el Cabildo Insular de La Palma, en su sesión del día 21 de agosto de 1936, "dio cuenta de un oficio del Sr. Capitán comandante militar de esta isla, de fecha 19 del actual, exponiendo que careciendo la prisión preventiva de este partido judicial de fondos en efectivo para las atenciones correctas de la misma, principalmente gastos de manutención por el extraordinario número de detenidos que se hallan en ella, según informa el jefe de aquella, dispone que se libre en concepto de anticipo hasta la cantidad de 2000 pesetas"(23).

     El Ejército sublevado era consciente de que una parte considerable de la población se resistiría a la sublevación contra la República. Este hecho podría serle fatal al fracasar el golpe de estado y tener que afrontar una guerra civil de duración indeterminada. Era imprescindible limpiar la retaguardia de desafectos e impedir que se articulara una oposición.

     Ya el general Emilio Mola, el organizador de la sublevación que desembocaría en el Alzamiento del 18 de julio, había dicho que "la acción ha de ser en extremo violenta para reducir lo antes posible al enemigo, que es fuerte y bien organizado". El general Francisco Franco, director de la sublevación en Canarias, afirmaba en su segundo Bando de Marruecos que el principio de autoridad exigía "que los castigos fueran ejemplares, por la severidad con que se impondrán y la rapidez con que se llevarán a cabo, sin titubeos ni vacilaciones". En La Palma, su comandante militar, capitán Carmelo Llarenas y Bravo de Laguna, insertaba en su bando del 2 de agosto:

     Aquellos que obren escudados en la traición, cobardía o simplemente negligencia, suicida en estos instantes decisivos para la grandeza de España, tendrán de nuestro mando la respuesta y la sanción que corresponde a la ley militar vigente, llegando en su aplicación al máximo rigor.

     En efecto, la proclamación de estado de guerra permitió aplicar sumarísimamente todo el peso del cargo de rebelión militar, contenido en el código de justicia militar, contra los infractores de las disposiciones de los bandos dictados por los sublevados.

     En el caso de La Palma, la consistencia de las organizaciones obreras, la tardanza en ser ocupada y la existencia de militantes de izquierdas huidos en los montes puede explicar la contundencia de la represión activada durante el primer año de guerra. Lo cierto fue que, si en los días previos a la llegada del Canalejas, los partidarios de la República tenían una confianza, prácticamente absoluta, en la victoria final, ahora, al pasar bajo el mandato del Ejercito alzado, en la mentalidad de la población insular, causó honda impresión la desproporcionada dureza de una represión de cuantía e intensidad inesperada, muy superior a la vivida durante la Dictadura del general Primo de Rivera o a la sufrida durante el Bienio Conservador republicano. A nadie, incluso a muchos partidarios de la derecha, se le ocurrió que pudieran producirse unas actuaciones tan impunemente cruentas, máxime, cuando en ningún lugar de la Isla se produjeron represalias durante la Semana Roja.

     La dureza represiva, semejante a la que sufrieron todas las zonas controladas por los sublevados, tenía un doble objetivo: por un lado, decapitar las instituciones republicanas, partidos políticos y asociaciones obreras, deteniendo y neutralizando a sus cargos dirigentes; por otro, mediante acciones que aterraban por ser atroces e impunes, traumatizar a la población con la finalidad de paralizar sus reacciones y abocarla a la resignación.

     Siguiendo la primera pauta, se detuvo a los dirigentes de las organizaciones obreras y partidos políticos disidentes, así como a las autoridades municipales y gubernamentales.

     Para abortar la capacidad de reacción del pueblo, junto al eco de terror que producían las detenciones y los "paseos" en toda La Palma, los apaleamientos, las imprecaciones y humillaciones cotidianas por parte de elementos falangistas fueron una constante en los años de guerra.

     La suspensión de empleo y sueldo y los expedientes también fueron una práctica habitual mientras se adaptaba la administración al programa del Movimiento.

     La represión la ejecutaron, principalmente, las milicias de Acción Ciudadana y Falange Española, en coordinación con la Guardia Civil. Sus dirigentes eran personas que conocían perfectamente a la comunidad donde residían, información que les resultaba útil para desempeñar esta misión. El Ejército solo actuaba como respaldo o en caso de incapacidad de las milicias del Movimiento(24).

     La anuencia de las nuevas autoridades con los militantes falangistas es palpable en el siguiente impreso, enviado a la Delegación del Gobierno por la Alcaldía de Fuencaliente:

     Tengo el honor de poner en su conocimiento que en esta alcaldía se encuentran depositadas las armas siguientes:
- una pistola Liliput, kal, R, 55, model II, 42, 606, MA.
- Un revólver sw, 167,249 38 sw special ctg.
- Un revólver Eco, B20, 330, OH cal 32.
- Un revólver cordero cal 38.
Cuyas son de los milicianos falangistas de este pueblo…Esta alcaldía teniendo en cuenta su condición de milicianos, solicita con el mayor interés de V.S. se les autorice para el uso de las mismas a sus dueños respectivos…(25)

     


12.- Salvador González Vázquez. La Guerra Civil en la Isla de La Palma. En Miguel Ángel Cabrera Acosta (Ed.). La Guerra Civil en Canarias. Francisco Lemus Editor. La Laguna, 2000.
13.- Entrevista a Florisel Mendoza Santos. Diario de Avisos (Tenerife). 10 junio 2003.
14.- La Tarde (Tenerife). 27 julio 1936.
15 .- Acción Social (La Palma). 17 agosto 1936.
16.- Acción Social (La Palma). 12 agosto 1936.
17.- Escrito remitido por el Gobernador Civil al Delegado Insular del Gobierno de La Palma (20-10-1937). Legajo año 1937. ADG.
18.- Escrito remitido por el Gobernador Civil al Delegado Insular del Gobierno de La Palma (5-2-1937). Legajo año 1937. ADG.
19.- Escrito remitido por la alcaldía de Mazo al Delegado del Gobierno (2-11-1936). Legajo año 1936. ADG.
20.- Escrito remitido por el Jefe Local de Falange Española de El Paso al Delegado Insular del Gobierno de La Palma (28-10-1937). Legajo año 1937. ADG.
21.- Acción Social (La Palma). 3 agosto 1936.
22.- Ibíd.
23.- Acta de la sesión de la Comisión Gestora del Cabildo Insular celebrada el 21 de agosto de 1936. Libro de actas de sesiones del Cabildo Insular de La Palma. ACI. El subrayado es nuestro.
24.- Salvador González Vázquez. La Guerra Civil en la Isla de La Palma. En Miguel Ángel Cabrera Acosta (Ed.). La Guerra Civil en Canarias. Francisco Lemus Editor. La Laguna, 2000.
25.- Escrito remitido por la Alcaldía de Fuencaliente a la Delegación Insular del Gobierno. Legajo año 1936. ADG.

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