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7.
La Semana Roja en Tazacorte(33)
En Tazacorte,
el Frente Popular obtuvo la victoria en las elecciones de febrero de 1936,
impulsado por los votos de la tendencia comunista, dominante en el sindicato
Oficios Varios(34).
El Alcalde del pueblo en el momento del
golpe militar era Francisco Pulido, republicano independiente, aupado
al cargo por la agrupación comunista que triunfó en las
elecciones municipales de 1933.
En el pueblo, se conoció la noticia
del Alzamiento encabezado por el general Francisco Franco en Canarias,
a lo largo de la mañana del 18 de julio, a través de las
emisoras de radio.
Una comisión, auspiciada por el sindicato
Oficios Varios, tomó el control del pueblo, dejando de lado la
autoridad del Ayuntamiento, de cuya presidencia se retira, sin ninguna
brusquedad, Francisco Pulido.
La medida inmediata que adoptó el
sindicato fue declarar la huelga general. Esta fue absoluta y paralizó
el pueblo, llegándose a impedir la salida del municipio de camiones
cargados de plátanos para venderse en el resto de la Isla. No obstante,
el agua siguió regando los terrenos para evitar que se secasen
y los moldes del muelle en construcción fueron puestos a resguardo
hasta que se reiniciase la obra.
Las noticias eran escasas en las localidades
apartadas de la Capital de la Isla, y, como sucediera más tarde
bajo dominio nacional, en todos los municipios se daban a nivel de rumores
nunca fiables, lo que dejaba a La Palma y, por ende, a Tazacorte, informativamente
a oscuras y ansiosamente expectante.
Para paliar esta desinformación,
se instalaron en la fachada principal del Ayuntamiento, situada frente
a la plaza de la iglesia, unos altavoces conectados a una radio que captaba
la frecuencia de la emisora EAQ. de Madrid. Sus emisiones contribuyeron
a aumentar el optimismo generalizado de una población que nunca
creyó en la victoria de los sublevados, pese a que la insurrección
continuaba.
Sobre las seis de la tarde del mismo 18
de julio, circulo el rumor de que la sublevación había fracasado.
Esto sucedía cuando la convocatoria de huelga había hecho
que muchas personas convergieran en la plaza, donde se organizó,
espontáneamente, una manifestación de júbilo, que,
con una asistencia numerosa, recorrió el pueblo. En ella, se produjo
la alocución a los congregados de un miembro del sindicato Oficios
Varios que pidió la cabeza del general Francisco Franco. Tras la
llegada del Movimiento a La Palma, este hombre fue uno de los "desaparecidos"
de la Isla.
El que una Comisión Gestora formada
por fuerzas adictas a la República, e impulsada por Oficios Varios,
decidiera hacerse cargo del control del municipio tuvo la virtud de ser
un factor de estabilidad, dado que el ascendente del sindicato sobre la
población hizo que esta cumpliera sus consignas con disciplina.
De entrada, esta Comisión, siguiendo
las instrucciones de la Delegación del Gobierno, se propuso mantener
el orden. Tres medidas resultaron claves. En primer lugar, se impidió
cualquier desmán que pudiera producirse contra los partidarios
de la insurgencia, que eran pocos, estaban perfectamente identificados,
y, por esto controlados sin necesidad de ninguna medida directa contra
ellos. Socialistas y comunistas consideraron esta medida una responsabilidad
y evitaron un derramamiento de sangre inútil, por cuanto los considerados
facciosos estaban controlados y, además, serían crímenes
de los que tendrían que responder, caso, a su juicio improbable,
de que triunfasen los insurgentes.
En segundo lugar, se vigilaron los comercios
con el fin de evitar acaparamientos de víveres y la salida del
pueblo de suministros. También se atendió que los productos
permaneciesen al mismo precio. Los partidarios del Alzamiento (en la lista
de máximos contribuyentes, figuraba seis comerciantes, cuatro de
los cuales eran de derechas) difundieron el rumor de que el comercio corría
peligro de ser incautado. La Comisión Gestora se entrevistó
con los comerciantes, les dio seguridades y neutralizó el riesgo
de desabastecimiento. Una semana fue poco tiempo para que se percibieran
los efectos de la paralización de las actividades económicas.
Esta penuria se dejaría sentir, posteriormente, con toda su crudeza,
en los años de Guerra Civil y de Postguerra, cuando, en efecto,
la ruptura del marco productivo del que vivía la población
se convirtió en otra de las consecuencias perniciosas del Conflicto.
En tercer lugar, se decretó el aislamiento
del pueblo. Se requería una identificación para dirigirse
a otro pueblo y se controlaron las entradas a Tazacorte. El objetivo de
esta medida era impedir que las personas contrarias a la República
de los distintos municipios entablaran contacto para apoyar a la sublevación.
Durante toda la Semana Roja, el ambiente
que respiraban los republicanos del pueblo era de un optimismo que rayaba
la euforia.

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8.-
La llegada del Movimiento a Tazacorte
El
25 de julio, conforme los máximos dirigentes políticos
y sindicales tuvieron noticia de que los militares habían desembarcado
en Santa Cruz de La Palma y se acercaban, tomaron dos decisiones.
En primer lugar, sabiendo que la pertenencia
a asociaciones de izquierda les comprometía, quemaron los archivos
del sindicato Oficios Varios, hasta que las tropas estuvieron tan cerca
que tuvieron que ser enterrados para que el humo no delatara su posición.
En segundo lugar, la preocupación
principal de las personas más implicadas en el sostenimiento
del orden republicano fue ponerse a salvo de una represión, que
se presentía inevitable, aunque no se supuso lo drástico
de su aplicación.
Durante la Semana Roja, se habían
incumplido varios dictados de los bandos emitidos por el general Francisco
Franco, infracciones que se anunciaban sancionadas con penas severas.
Así, el artículo 5º del Bando publicado el 18 de
julio por el general Francisco Franco ordenaba que, a partir de su publicación,
quedasen "destituidos los gobernadores civiles y delegados del
gobierno, ayuntamientos...". A quienes incumplieran este mandato
podría "considerárseles incursos en el delito de
rebelión". En el artículo 6º de dicho Bando,
se declaraba como acto sedicioso la huelga general, medida que fue puesta
en práctica desde los primeros momento por el sindicato de Tazacorte.
Igualmente, los afiliados a las organizaciones coaligadas en el Frente
Popular se apercibieron de que la represión también iría
dirigida contra ellos. Utilizando el código de Justicia Militar,
los consejos de guerra consideraron como incitación a la rebelión
haber hecho un escrito o pronunciado un discurso durante la Primavera
de 1936.
A últimas horas del día
25 de julio, llegaron a Tazacorte unos automóviles que conducían
al. Delegado del Gobierno y a otros líderes políticos,
venidos con la esperanza de embarcar por el puerto de la localidad y
huir. Esta posibilidad se malogró al no disponer de barcos, optándose
por huir al monte junto con individuos significados del sindicato de
Tazacorte, siempre con la esperanza de que esta pesadilla concluyera
pronto y pudieran regresar con bien. Estos hombres emprendieron el camino
de la huida, refugiándose en La Caldera o en las plantaciones
de platanera(35)
33.-Buena
parte de la información recogida se obtuvo a partir de los testimonios
orales de David Acosta. Estudiante. 73 años./Antonio Gómez
Hernández. Jornalero. 70 años/ Marcos Rodríguez Martín.
Jornalero. 77 años/ Guadalupe Concepción Rodríguez.
Ama de Casa-trabajadora en empaquetados de tomate.73 años/ Víctor
Acosta Acosta. Jornalero. 83 años. También de los recuerdos
de Felipe Lorenzo en su libro Crónicas de mi pueblo. Ayuntamiento
de Tazacorte. Tenerife, 1978. Págs. 137-143.
34.- Salvador González Vázquez. Historia de Tazacorte. Ayuntamiento
de Tazacorte. Tenerife, 2000. Págs. 296-298.
35.- Felipe Lorenzo. Crónicas de mi pueblo. Ayuntamiento de Tazacorte.
Tenerife, 1978. Págs. 147-148.

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